Septiembre un mes vivo y perfecto

Se dice que los meses están vivos, y esto por que encarnan fuerzas atmosféricas, simbolizan el devenir cósmico, estados de ánimo y periodos escolares o laborales. Los meses nos dicen algo como si tuvieran boca, y eso que dicen reverbera de una manera determinada como si esa boca estuviera conectada a un pulso, y ese pulso, a poco que nos paremos a escucharlo, parece provenir de un corazón que palpita con un ritmo propio.

Los meses nos hablan, aunque a cada uno según lo que es: al niño de manera distinta que al adulto, al profesional con otras palabras que al parado, al friolero de otro modo que al caluroso, a alguien del norte o de la costa con frases que sólo le sirven a él pero no a alguien del sur o del interior. 

En este caso, el mes de Septiembre es el mes que, en español, más letras tiene. Tiene 10, que es cifra, alabada por eso por Pitágoras o san Jerónimo, de la realización espiritual, de la totalidad del universo, del retorno a la unidad matemática o divina.

Un número redondo que acoge en su seno nuestras imperfecciones y que nos invita al progreso interior, a no desmayar en la búsqueda de la luz, a seguir porfiando en el diálogo con lo esencial.

Así mismo en septiembre, comienza el curso escolar (el olor de los libros recién estrenados, el reencuentro con los compañeros o el hallazgo de caras inéditas, el reto de las nuevas asignaturas, el regreso al tiempo reglado después del tiempo salvaje de las vacaciones) y el otoño (la estación en la que las hojas caídas y las infinitas tonalidades del marrón, del verde, del amarillo y del rojo que tapizan bosques, avenidas y plazas le dan a uno la posibilidad de descansar de los ardores ciegos del verano y de prepararse para los rigores del invierno), dos de los momentos privilegiados para crecer, para ser y para entender de qué va esto de estar una persona existiendo en el mundo.

Septiembre es un mes vivo y perfecto, quizás el mes más vivo y más perfecto de nuestro calendario. Ya sé que esto no deja de ser una apreciación descaradamente subjetiva (se ve a la legua que es el mes preferido de quien escribe estas líneas), pero es que la verdad (objetiva) hoy en día se construye a partir de la suma y la concordancia de las mil y una verdades subjetivas. Y, en cualquier caso, si no me creen, salgan a la ventana, cierren los ojos y respiren hondo.

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