El oro de los tigres

GUILLERMO JARAMILLO.-

 

Y si pobre la encuentras no habrá engaño

sabio como ya eres con tu experiencia

sabrás para entonces qué significa Ítaca

Constantino Cavafis

 

Sumario: El oro de los tigres, colección de traducción de poesía de la Capilla Alfonsina de la UANL, cumple diez años editando lo más selecto de la poesía mundial.

 

Poniéndonos serios, somos lo que leemos. Qué mejor ejercicio de recapitulación literaria, ir una década atrás y revisar nuestras lecturas.

En mi viaje personal, El oro de los tigres ha sido mi Virgilio, mi compañero fiel. Esa colección de traducción literaria manufacturada en el interior de la Capilla Alfonsina por el equipo de editores comandado por la poeta Minerva Margarita Villarreal, contiene de todo en todo en cuanto a un primer y letal acercamiento a la poesía.

He estado frente al aula y virtualmente como profesor de literatura. Tengo 15 años haciendo periodismo y por lo menos 20 de andar en eso del arte y la cultura. Con esto me atrevo a afirmar que el lector común no lee poesía. Leen de todo, desde cuento, ensayo, teatro hasta superación personal y finanzas. Pero cuando se trata de poesía nada más no le entran.

Entonces sucede que existen plataformas piloteadas por entes de la cultura y literatura pop, desde donde se lanzan recomendaciones para aquellos lectores atrevidos que buscan presumir, o asumir, la lectura de poesía. Entonces llegan los clásicos como Mario Benedetti, Pablo Neruda, Gustavo Adolfo Bécquer, y por qué no, Charles Bukowski; quizá por eso las ciudades reúnen a un grupo de poetas que imitan a cada uno de los cuatro citados. Y eso no está mal, para nada.

Lo que sí está mal es limitarse a esas voces del mainstream, que sin ser malas malas, mal acostumbran al lector, al escucha de poesía. De pronto encontrarán poemas de Luis de Góngora que aprisionarán su cabeza, los volverán locos y nunca más querrán saber de poesía “rara y experimental”, así le dicen algunos, gongorina.

Entonces, si se me permite intimar, esta década ha dejado para Monterrey oro puro en El oro de los tigres. Si vamos a hablar de latitudes, con la colección perteneciente a la UANL, han llegado voces lejanas del Japón, de Rumania, Rusia, Francia, Canadá, Italia, Brasil, Portugal, Alemania, Polonia, Estados Unidos e Inglaterra, por mencionar algunos.

Agrupados en booksets, estas traducciones de poesía llegaron acompañadas de un bello trabajo editorial. Colores inolvidables, ahora que los observo en mi librero pienso en un tesoro.

¿Por qué su importancia? Llegar a leer a Rae Armantrout, poeta norteamericana o a Anne Hebert, canadiense fallecida en 2000, es un encuentro de dos bólidos a gran velocidad: la curiosidad y el asombro. Traigo a colación los nombres de ambas escritoras por su contemporaneidad, por ser de gran importancia para la poesía de hoy en día, por las latitudes, los contextos, el hilo que nos llevará de alguna manera a entender qué es lo que están haciendo nuestros abuelos literarios ahora mismo por la poesía mundial.

 

Los fantasmas pululan.

Hablan como una sola

persona. Cada uno

te ama. Cada uno

ha dejado algo

inconcluso.

Rae Armantrout

 

Y de pronto la voz latina de Catulo (Verona, 87 a.C. – 57 a. C.) o John Milton (Londres, 16008 – 1674), padres del tiempo conviviendo con ejercicios del lenguaje como la Autobiografía de Rojo, de Anne Carson (Toronto, 1950). Con ello me propongo señalar que la colección, además de un acierto universitario, es un puente poético entre generaciones, latitudes, contextos, quehaceres literarios, y a su vez un muy acertado escalón para un primer acercamiento general a la poesía.

Durante estos diez años he disfrutado con cada lanzamiento, pues en calidad de reportero asistí a todas las presentaciones en Capilla Alfonsina, donde la charla en torno a cada colección es llevada por expertos en la materia: la poesía y la traducción de la misma. Una fiesta.

Luego del goce, he sufrido el embiste de uno y otro libro, teniendo como verdadero suceso encontrarme con Dinu Flamand, poeta rumano, o su compatriota Geo Bogza, poemas estremecedores. El ejercicio de leer el Poema sujo de Ferreira Gullar, llevó a que en mí se resolvieran cuestiones en torno a si la ciudad y sus sucesos valían la pena para seguir poetizando.

Luego llegó Armantrout y Hébert, y ahí también estaba el primer golpe: Cavafis, Adonis, Mokichi. Algunos de esos nombres habían aparecido entre textos citados en alguna cátedra de literatura contemporánea, pero nunca antes me había topado con ellos de lleno. Asaltaron la habitación de mi mente, me dieron el ritmo para continuar con mis creaciones estéticas, me han acompañado tanto como creador que como curioso de la literatura.

Están al alcance de tu mano en la Librería Universitaria de la U, no dejes pasar la oportunidad de adquirirlos a préstamo en alguna biblioteca pública, es garantía que te cambiarán la perspectiva sobre si la poesía es tan simple como la de algunos capos latinoamericanos, o es algo que está en otros ámbitos, en todos los ámbitos, en todas voces. El oro de los tigres es un tesoro, un puente seguro a un buen acercamiento a la poesía hoy en día.

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